LA SERENIDAD DEL MAR

 

La mañana está especialmente fría para esta época del año.

 

La brisa refresca mi cara y el ir y venir de las olas van tranquilizando mi espíritu y devolviéndome la serenidad. Es este olor lo que más me gusta, huele a sol, a vida, a juventud, a fuerza.

 

Aquí estoy, paseando por mi playa, como todos los días importantes de mi vida, estuve aquí el día que cumplí los 18 años y sentí que el mundo me pertenecía, estuve aquí el día que me gradué en la facultad de medicina, incluso estuve aquí el día de mi boda y en todos ellos el mar me devolvió la calma.

 

Hoy también es un día importante, el sol de febrero asoma tímidamente por el horizonte, me paro y observo la estampa .Mis pensamientos vuelan y me llevan hasta la consulta del médico hacia ya tres meses.

 

-          Qué suerte, Elena, es un niño - dije a mi esposa que estaba embarazada de seis meses.

 

Recordé entonces aquella preciosa cuna que mi madre había guardado durante todos estos años, y después de besar a Elena y dejarla en la puerta de su oficina, me dirigí a casa de mama a rescatar mi cuna. Hacía dos años que no había vuelto a aquella casa, desde que mi madre falleció repentina y dulcemente en el jardín, mientras cuidaba de sus calas como solamente ella sabía hacerlo.

 

Subí al desván y la vi, estaba en el mismo lugar que siempre había estado, pero al salir algo llamó mi atención, en un atril había un libro, un precioso libro encuadernado en piel con unas letras grabadas "La historia de mi vida". Lo abrí lentamente, era la letra de mama clara y perfecta como ella misma.

 

Con curiosidad empecé la lectura, en el narraba su niñez, modesta pero feliz, contaba como siendo aún muy joven había tenido un gran amor, un amor que duro unos maravillosos meses, pero llegado el nuevo curso él se había ido para continuar sus estudios de música. A los dos meses descubrió que estaba embarazada, pero decidió continuar con sus clases de bellas artes. Aquella Navidad Miguel no regreso como solía hacer en vacaciones. Conservaba todos los recortes de prensa, fotografías y titulares sobre Miguel de Castro, siguió todos sus éxitos, desde Madrid hasta Milán pasando por París "El gran pianista". Supo por la prensa que se había casado y formado una familia, de sus palabras se desprendía una gran admiración, cariño e incluso amor hacia ese hombre al que nunca había contado su verdad.

 

Seguí leyendo aquel libro durante varias semanas. iQué feliz había sido junto a mi madre! En ella siempre encontré apoyo y consuelo, fuerza y sabiduría. Recordé entonces aquellas tardes de verano en la casa de la playa, yo la miraba con admiración, observaba con verdadera satisfacción aquel lienzo blanco, que mi madre no tardaba en transformar en un perfecto retrato, o en aquellos ramos de flores que con su pincelada firme y segura cobraban vida, o el mar, aquel fascinante mar en calma o embravecido que nadie como ella trasladaba hasta nuestro jardín. Recuerdo el olor a aceite de linaza y aguarrás mientras a mis pequeños oídos de niños llegaban provenientes de la casa esas preciosas melodías de Beethoven, Chopin o ...

 

-          Concierto para piano - decía mamá.

 

De ella aprendí el amor por las artes, la música, la literatura...

 

De todos los tesoros que mi madre me había dejado, aquel libro sin duda, fue el mejor. Confieso que al lado de mamá nunca o muy pocas veces había echado en falta la figura paterna, pero ahora se abría ante mí una puerta que yo estaba deseando traspasar. "Miguel de Castro", no me fue difícil contactar con él. Desde un primer momento había habido buena complicidad entre nosotros. Durante los dos siguientes meses hablamos por teléfono casi todas las semanas. Actualmente había fijado su estancia en Barcelona, dos días antes recibí una llamada.

 

-          Pablo, soy Miguel, había pensado que este fin de semana podía acercarme hasta Santander, ¿Qué te parece?

 

-          Estupendo, tenemos muchas cosas que contamos - dije sorprendido.

 

-          Sí, estoy deseando conocerte a ti y a Elena ¿Cómo se encuentra?- su voz sonaba algo nerviosa.

 

-          Bien, solo quedan diez días para que salga de cuentas, se queja porque está muy gordita y un poco torpe. Ella también está deseando conocerte.

 

-          Entonces, hasta el sábado

 

-          Hasta entonces

 

El pitido de un autobús urbano me devuelve a la playa. El sol ya se ha adueñado de todo el paisaje, el mar está en calma y se balancea a sus anchas, mientras juega alegremente con mis pies. Miro el reloj.

 

-          Ya es la hora - pienso.

 

Poco a poco me acerco al coche, me siento en el muro y empiezo el ritual, lentamente voy secando mis pies, quito con cuidado los granitos de arena que se empeñan en esconderse entre mis dedos.

No tengo prisa y disfruto del momento como tantos otros días.

El aeropuerto ya está cerca, me siento sorprendentemente tranquilo, sereno, como siempre el mar me ha devuelto la paz, que al despertar pareció faltarme.

 

El vuelo procedente de Barcelona ya ha llegado, subo las escaleras mecánicas y camino despacio hasta la sala, coloco bien mi grueso abrigo y lo abotono, como queriendo tener buen aspecto, miro a un lado y a otro. Ahí está, es un hombre alto y delgado, su pelo canoso y demasiado largo para su edad está peinado hacia atrás, viste pantalón y abrigo de color marrón que le sienta muy bien. Está parado mirando hacia el exterior. Me acerco por detrás.


-
         
Miguel - digo con voz segura.


Se da la vuelta lentamente, me tiende la mano acercándome hacia él.


-
         
Bienvenido a mi vida HIJO


De camino a casa hablamos de todo, del viaje, de Barcelona, de la música, de mama....


-
         
Entra, Miguel - digo alegremente - ponte cómodo. En la mesita de la entrada hay una nota.


Creo que David ya está deseando salir. Te espero en el hospital, tranquilo todo va bien.

Elena

-          Es de Elena - ahora sí que estoy nervioso - ha ido al hospital, se ha puesto de parto.

 

-          Pablo vete despacito - dice mientras se quita el abrigo - yo aprovechare para descansar un rato, los viajes ya me agotan, soy un poco viejo - dice mientras ríe.

 

-          Muy bien pues me voy


Salgo, doy dos pasos, vuelvo a entrar, me acerco a Miguel.


-         
Me alegro de que estés aquí. - le abrazo - Estás en tu casa padre


Entro en el hospital.


-         
Está en la sala tres en dilatación. - dice Sofía, la enfermera - Todo va bien Don Pablo.


No sé porque pero me paro en la puerta y me presigno.


-         
Hola, cariño ¿Qué tal va todo? - digo mientras le sonrió tímidamente.


¡Qué guapa está! Con su melena negra ¡parece un ángel!


-         
No falta mucho Pablo, pero dime, ¿Cómo ha ido con Miguel?

 

-          Ha sido fantástico Elena – sonrió - Cuando nuestras miradas se encontraron me vi reflejado en sus ojos. Es culto y educado, muy interesante, estoy seguro de que te va a gustar


En ese momento la enfermera, dice que todo está listo, mirando al monitor, me da un gorro y una mascarilla. Yo la sigo por el pasillo camino del quirófano, trabajo aquí y me parece nuevo. Todo sucede muy deprisa.


-         
El último esfuerzo Elena, que ya está aquí - dice Sofía con mucho ánimo.


Miro a mi esposa ¡nunca la había visto tan guapa! Sofía coge al niño, le limpia suavemente toda esa grasita blanca y lo coloca en el pecho de Elena, mientras, termina de prepararla.


Por su mejilla resbala una lágrima mientras sonríe mirando a David.

La enfermera le vuelve a coger y le pone en mis brazos, le miro, acerco su cabecita a la mía y le susurro.


-         
Bienvenido a mi vida HIJO

 

 
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